EXPLORACIÓN DEL DESARROLLO EMOCIONAL EN NIÑOS DE FAMILIAS RECONSTITUIDAS EN UN RECINTO RURAL DE BABAHOYO

EXPLORATION OF EMOTIONAL DEVELOPMENT IN CHILDREN FROM RECONSTITUTED FAMILIES IN A RURAL COMMUNITY OF BABAHOYO

 

Bravo, Alex*, Zambrano, Fernanda*, Zambrano, Nayelly*, & Avecillas, Flor* 

     *Universidad Técnica de Babahoyo, Babahoyo, Ecuador

Autor corresponsal: abravor@fcjse.utb.edu.ec

DOI: www.doi.org/10.55867/qual30.01     

Como citar (APA): Bravo Rivas, A., Zambrano Alay, F., Zambrano Alay, N., & Avecillas Borrero, F. (2025). Exploración del desarrollo emocional en niños de familias reconstituidas en un recinto rural de Babahoyo. Revista Qualitas , 30(30), 001 - 016. https://doi.org/10.55867/qual30.01

 

Manuscrito recibido el 14 de mayo de 2025. 

Aceptado para publicación, tras proceso de revisión, el 25 de junio de 2025.

Publicado, el 07 de julio de 2025.

Resumen

Las familias reconstituidas involucran una reorganización significativa dentro de los roles, la estructura y las relaciones psicoemocionales de los niños dentro de ella; por ende, el presente estudio planteó el objetivo de describir los indicadores emocionales presentes en niños con un rango de edad de 7 a 10 años que viven en familias reconstituidas, en el recinto San Agustín del cantón Babahoyo, para aquello, esta investigación se basa en un alcance metodológico descriptivo, de campo y documental, con un diseño no experimental y enfoque cuantitativo. La muestra la constituyen 80 niños, seleccionados por medio de muestreo no probabilístico por conveniencia, quienes se le aplicaron el test proyectivo de la figura humana (versión de Koppitz) para identificar signos emocionales, estos resultados reflejan que una parte significativa de los niños presenta indicadores emocionales como ansiedad, inseguridad y dificultades de autoimagen; de tal manera, se insta la necesidad de poder fortalecer el acompañamiento emocional en familias reconstituidas de esta muestra.

 

Palabras clave: desarrollo emocional, niños, familia reconstituida, figura humana, contexto rural

Abstract

Stepfamilies involve a significant reorganization within the roles, structure and psychoemotional relationships of children within it; therefore, the present study aimed to describe the emotional indicators present in children between the ages of 7 and 10 who live in stepfamilies, in the San Agustín area of ​​the Babahoyo canton. For this, this research is based on a descriptive, field and documentary methodological scope, with a non-experimental design and a quantitative approach. The sample consists of 80 children, selected through non-probabilistic convenience sampling, who were administered the Projective Human Figure Test (Koppitz version) to identify emotional signs. These results reflect that a significant portion of the children present emotional indicators such as anxiety, insecurity and self-image difficulties; thus, the need to strengthen emotional support in stepfamilies in this sample is urged.

 

Key words: emotional development, children, reconstituted family, figure human, rural context.

 

 

INTRODUCCIÓN

La familia constituye uno de los sistemas más influyente en el desarrollo del ser humano, ya decía Bronfenbrenner (1987), “la familia constituye el primer agente de socialización y desarrollo emocional del ser humano, siendo el contexto donde se aprenden los primeros valores, normas y conductas” (pág. 45).

En las últimas décadas, la familia ha experimentado transformaciones profundas, entre las cuales destaca el aumento de las familias reconstituidas, producto de divorcios, separaciones o nuevas uniones. Este tipo de estructura familiar, también llamada ensamblada, implica la convivencia de adultos e hijos provenientes de relaciones previas (Espinar et al., 2003), generando desafíos significativos en la dinámica familiar y, en particular, en el desarrollo emocional de los hijos, este último concepto es el interés de exploración del presente estudio.

En orden con lo anterior, el desarrollo emocional se puede considerar como un constructo basado en la capacidad de identificar, expresar y poder gestionar las propias emociones, evidentemente aquello se debe entender y saber responder a las de los demás (Winnicott, 1995); entendiendo así, que el desarrollo surge de la experiencia, la comprensión y adaptación de las emociones durante las etapas esenciales de la vida como el nacimiento, crecimiento, niñez, adolescencia y edad adulta, porque de ello depende un desarrollo adecuado a través de la consciente ejecución de habilidades como lo son la regulación emocional, autoconciencia, consciencia social, construcción de relaciones y toma de decisiones (Beer, 2023).

De acuerdo con datos del Pew Research Center (2015), más del 40% de los adultos en Estados Unidos cuentan con al menos un familiar dentro de una estructura reconstituida, la transformación de las dinámicas familiares es cada vez más frecuente debido a procesos de matrimonio, divorcio y nuevas uniones, lo que provoca una transición de familias nucleares a familias reconfiguradas. Se estima que alrededor del 65% de los matrimonios recientes en este país corresponden a familias reconstituidas, y que cerca del 60% de las parejas no casadas tienen hijos provenientes de relaciones previas. Asimismo, aproximadamente un tercio de los menores de 18 años vivirá, en algún momento de su infancia, en un hogar con estas características.

Algunas tesinas que abordan sus investigaciones con este tipo de familia, pero con objetivos y variables diferentes, se establecen bajo el concepto de impacto que genera una familia reconstituida en el desarrollo de factores biopsicosociales de los menores, como el trabajo de Aguilera (2021), que por medio de una revisión sistemática para analizar el impacto del divorcio en los aspectos académicos de los hijos, resalta que este evento termina disminuyendo las habilidades psicosociales, que provocan el desinterés educativo y el abandono escolar. Asimismo, Rodríguez (2019) concluye que los jóvenes en familias ensambladas lidian con múltiples fuentes de estrés (cambios de hogar, nuevos roles familiares, estilos educativos distintos), que incrementan su riesgo de involucrarse en conductas disruptivas, sufrir depresión o presentar dificultades escolares.

Por otro lado, la revisión sistemática llevada a cabo por Sarmiento y Paredes (2019), busca comprender cuál es el bienestar psicológico y emocional en hijos de familias reconstituidas, concluyendo que, esto va a depender en gran medida de una ruptura conyugal adecuada, una elaboración saludable del duelo, pautas de crianza claras, y relaciones respetuosas entre padres biológicos y padrastros o madrastras. Lo anterior, apoyado en el análisis de Arbex (2021), quien interpreta que entre los principales desafíos se encuentran la integración de los hijos de relaciones previas, la resolución de problemas de lealtad, la reconstrucción de una dinámica familiar y la negociación de responsabilidades y nuevos roles, sin embargo, estos desafíos se pueden hacer frente a través de una adecuada comunicación, negociación y compromiso entre los miembros en la nueva estructura familiar.

Otros antecedentes han resaltado las implicaciones emocionales y psicosociales que enfrentan los niños y adolescentes en estas circunstancias, como lo observamos en la investigación de Sánchez (2019), que busca identificar los indicadores emocionales predominantes en una muestra de 252 niños mexicanos de primaria según el tipo de familia, usando como instrumento el Test de Koppitz; entre sus resultados, podemos observar un grupo de 44 niños que pertenecen a familias reconstituidas, en donde predominan los indicadores de ansiedad,  preocupación  e  inadecuación, problemas psicosomáticos, uso de la fantasía y aislamiento.

A nivel nacional, destacamos estudios adyacentes al desarrollo emocional en niños como el trabajo documental bibliográfico de Tituaña (2023), que plantea identificar la participación familiar en el desarrollo emocional en niños quiteños de 5 a 6 años, destacando que la implicación de la familia (roles, comunicación y apoyo emocional) está significativamente asociada a un mejor desarrollo emocional en la infancia, además, sintetizan que la participación y cohesión familiar temprana sirve como base fundamental para fomentar una adecuada gestión emocional, autoestima y seguridad en los niños. Otro estudio en Ambato, elaborado por Suárez (2021), determina la relación entre las relaciones intrafamiliares y el desarrollo de la inteligencia emocional en una muestra de 60 estudiantes, existiendo una correlación positiva significativa entre ambas variables (x2=>0,005).        

Otro estudio correlacional realizado en la ciudadela Los Helechos-Milagro, exploró la influencia del entorno familiar en el desarrollo emocional de una muestra de 100 niños entre 7 y 10 años, utilizando un enfoque mixto, de diseño correlacional y fenomenológico a través del uso de encuestas y test como el test psicométrico de actitudes familiares y el test proyectivo de Koppitz; entre sus resultados, evidenciaron que existe una influencia significativa del entorno familiar en el desarrollo emocional, destacando indicadores como la impulsividad, inseguridad y ansiedad en los niños, además de afectar su autoimagen y percepción de las relaciones familiares (Ríos y Rocha, 2024).

En Cuenca, durante la pandemia, Pineda (2021) evaluó el desarrollo emocional de niños, según la percepción de sus padres en centros de educación pública, por medio de un enfoque cuantitativo y alcance correlacional, en donde se aplicó el Cuestionario de Fortalezas y Dificultades (SDQ) a 88 participantes; sus hallazgos manifiestan que el 71% de los niños presentan indicadores en rango límite o de anormalidad, evidenciando dificultades emocionales desde edades tempranas, como problemas de regulación emocional, dependencia afectiva y conflictos en la expresión de emociones.

En este mismo nivel, dentro del contexto rural, encontramos la investigación de Mejía y Gutiérrez (2022), que analizan el papel de la familia en el desarrollo emocional de los adolescentes, aplicando una metodología cuantitativa con el uso de encuestas a una muestra de 25 familias de la comunidad rural El Vergel-Chone; en ello, concluyen que las funciones y relaciones familiares influyen directamente en la autoestima, identidad y regulación emocional de los adolescentes, actuando como un factor clave en su bienestar emocional.

Como se puede observar, en los últimos tiempos, este tipo de transformaciones dentro de la estructura familiar que subyacen de separaciones y nuevas uniones, dan lugar a un crecimiento de familias reconstituidas, y eludiendo en este estudio cualquier intención de etiquetar, se viene mencionando las dificultades que presentan en sus dinámicas, lo que podría influir en el entorno emocional de los niños, quienes atraviesan emociones y sentimientos complejos debido a la misma etapa de construcción de identidad y desarrollo socioafectivo.

De lo anterior, muchos niños del recinto San Agustín del cantón Babahoyo enfrentan este proceso de adaptación con manifestaciones emocionales vinculados a la seguridad, autoestima, identidad y bienestar general, por ende, el interés en esta población en el presente estudio, que más allá de lo metodológico, se busca una aproximación de la realidad en estos contextos, ya que, según la literatura muestra una escasa exploración de este constructo emocional en niños de esta tipología de familia y sobretodo en este punto geográfico.

Al entender esta temática como un tema emergente, es preciso mencionarlo como una situación que da oportunidades para evaluar la aplicación desde una visión proyectiva o gestáltica desde la relevancia que constan los investigadores, considerando cómo idóneo, desde el marco metodológico, el instrumento aplicado en esta investigación. En este sentido, surge la necesidad de indagar qué indicadores emocionales se presentan en niños de familias reconstituidas del recinto San Agustín de Babahoyo. De tal manera, se plantea en esta investigación evaluar el desarrollo emocional de los niños pertenecientes a familias reconstituidas de este recinto.

MÉTODOS

El presente estudio utilizó un enfoque cuantitativo, sustentado en el paradigma positivista, el tipo de investigación fue descriptiva, de campo y documental, ya que se buscó caracterizar los indicadores emocionales en niños de familias reconstituidas en su contexto natural; por ende, se adoptó un diseño no experimental, debido a que las variables no fueron manipuladas, sino observadas tal como ocurren; dentro de ello, se utilizó un método bibliográfico, analítico e inductivo para el levantamiento y análisis de la información (Zamora y Flores, 2024).

Objetivo

Evaluar el desarrollo emocional de los niños pertenecientes a familias reconstituidas del recinto San Agustín del cantón Babahoyo mediante la exploración proyectiva del Test Koppitz.

Población y Muestra

La población estuvo conformada por 156 niños con rango etario que oscila entre los 7 a 10 años de edad (ver Gráfico 1) pertenecientes a hogares reconstituidos del recinto San Agustín del cantón Babahoyo en el año 2024. De este total, se seleccionó una muestra de 80 niños (47 sexo masculino y 33 sexo femenino) mediante muestreo no probabilístico por conveniencia, considerando a aquellos a quienes se tuvo acceso y que aceptaron participar voluntariamente.

Gráfico 1. Frecuencia de los grupos etarios de la muestra de investigación 

Fuente: Elaboración propia

 

Técnicas e instrumentos

Se utilizaron dos técnicas principales: la encuesta semiestructurada y la aplicación del test proyectivo de la figura humana en la versión de Koppitz (1995). La encuesta estuvo conformada por 10 preguntas de opción múltiple orientadas a explorar aspectos de convivencia, afectividad y comunicación en el entorno familiar. Por otro lado, el Test de Koppitz permitió identificar indicadores emocionales a partir del análisis de los dibujos de figuras humanas realizados por los niños, esta prueba evalúa tanto ítems evolutivos, relacionados con la madurez del desarrollo, como indicadores emocionales asociados a ansiedad, inseguridad, timidez, ira y desempeño escolar. La valoración consideró omisiones, ítems esperados y detalles excepcionales siguiendo el protocolo de la prueba, en donde su aplicación fue llevada a cabo de la mano de los investigadores profesionales en psicología, quienes contienen un amplio manejo de esta prueba proyectiva.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

En primera instancia, se muestran los resultados de la encuesta semiestructurada, omitiendo los datos personales de los participantes, encontramos mediante la primera pregunta, información sobre el perfil de convivencia de los niños (ver Tabla 1).

Tabla 1. Convivencia familiar de la muestra

Descripción

Frecuencia

Porcentaje

Mamá y padrastro

56

70%

Papá y madrastra

12

15%

Mamá y otros familiares

10

12%

Papá y otros familiares

2

3%

Total

80

100%

 

Los datos nos reflejan que la mayoría de los participantes (70%) viven con su mamá y padrastro, lo que indica un predominio del rol materno en hogares reestructurados; le sigue un 15% que convive con papá y madrastra, reflejando una menor presencia del padre como figura principal; un 12% vive con la mamá y otros familiares, lo cual sugiere apoyo de la familia extendida; mientras que sólo un 3% vive con el papá y otros familiares, lo que evidencia una escasa representación paterna en ausencia de una figura materna; en conjunto, los datos nos dan una clara centralidad de la madre en la estructura familiar.

Las preguntas posteriores de la encuesta nos ayudan a indagar aspectos fundamentales sobre el presente entorno familiar donde cohabitan, a continuación, se presentan los resultados de forma sintetizada (ver Tabla 2).

Tabla 2. Respuestas generales de la encuesta 

Ítem

Respuesta de mayor Frecuencia

Respuesta de menor frecuencia

Visitas o comunicación frecuente con padre o madre

A veces

Nada

Sentimientos hacia la familia reconstruida

Molesto/a

Contento/a

Influencia familiar en las emociones

Casi siempre

Nunca

Demostración de afecto

Poco

Nada

Aspectos que generan tristeza

Que tus padres peleen

No tener tiempo para jugar o divertirte

Comunicación y diálogo

Poco

Siempre

Exclusión e indiferencia en conversaciones familiares

Casi siempre

Nada

Rechazo de ayuda

Casi siempre

Siempre

Discusiones económicas en la familia

A veces

Nada

Acciones correctivas

No me corrige

Castigo físico

 

Como se puede observar con respecto a los resultados de la encuesta, en relación al contacto con el progenitor no conviviente, la mayoría de la muestra respondieron que las visitas o comunicaciones telefónicas suceden “a veces”, interpretando así, una relación intermitente; en cuanto a los sentimientos hacia la familia ensamblada, predomina el sentimiento de “molestia”, lo que indicaría dificultades dentro del proceso de aceptación de los nuevos vínculos familiares; para la situación de la influencia de la familia en las emociones de los niños, la muestra apunta de forma significativa  que “casi siempre” su estado anímico dependerá del ambiente familiar, un resultado importante considerando que, la demostración de afecto proveniente de los adultos en sus hogares fue señalada mayormente como “poca”, un área crítica e importante que termina impactando directamente en la seguridad emocional de los menores.

Dentro de los principales generadores de tristeza se encuentran los conflictos entre padres o figuras parentales; en cuanto a la comunicación y el diálogo, muchos niños perciben que existe poca apertura para expresar sus emociones o necesidades, lo que limita su integración en la dinámica familiar.

Los datos también resaltan una alta percepción de exclusión e indiferencia en conversaciones familiares y un frecuente rechazo a las muestras de ayuda ofrecidas por los nuevos miembros del hogar, lo cual podría ser interpretado como una manifestación de resistencia emocional o falta de confianza, de igual forma, las discusiones económicas dentro de las familias fueron reportadas como un hecho presente en varios casos, afectando la sensación de estabilidad que los niños requieren. Finalmente, en cuanto a las acciones correctivas, una proporción significativa de niños indicó que no reciben correcciones formales de parte de sus padrastros o madrastras, situación que podría reflejar una falta de establecimiento de normas claras o de un rol parental definido.

Por otro lado, se presentan los resultados obtenidos por el Test de Koppitz, analizados en dos perspectivas, según la organización por tipo de indicador (ver Tabla 3) y desde la clasificación según el tipo de conflicto o tendencia emocional (ver Tabla 4). Con respecto al primero, se determinan en tres secciones: signos cualitativos, detalles especiales y omisiones, como se detalla a continuación.

Tabla 3. Resultados generales del Test de Koppitz según la organización por tipo de indicador

 

IEs

Frecuencia

Signos cualitativos

Débil integración en las partes

28

35%

Cara sombreada

55

69%

Cuerpo y/o extremidades sombreadas

18

23%

Manos y/o cuellos sombreados

30

38%

Asimetría Grotesca de las extremidades

8

10%

Dibujo Inclinado

22

28%

Dibujo pequeño

43

54%

Dibujo Grande

30

38%

Transparencia

67

84%

Detalles especiales

Cabeza pequeña

35

44%

Ojos bizcos o desviados

15

19%

Dientes

0

0%

Brazos cortos

51

64%

Brazos largos

18

23%

Brazos unidos al cuerpo

41

51%

Manos grandes

30

38%

Manos seccionadas u omitidas

54

68%

Piernas juntas

0

0%

Figura desnuda o mostrando genitales

0

0%

Dibujo monstruoso o grotesco

4

5%

Dibujo espontáneo de una o tres figuras más.

4

5%

Nubes, lluvias o aves volando

0

0%

Omisiones

Omisión de ojos

9

11%

Omisión de nariz

41

51%

Omisión de boca

16

20%

Omisión de cuerpo

0

0%

Omisión de brazos

4

5%

Omisión de piernas

4

5%

Omisión de pies

39

49%

Omisión del cuello

12

15%

 

Abordando la primera sección “signos cualitativos”, observamos que los indicadores con mayor frecuencia fueron el dibujo transparente (67 ocasiones), la cara sombreada (55 ocasiones) y el dibujo pequeño (43 ocasiones), estos elementos pueden comúnmente asociarse con tendencias depresivas, una baja autoestima, inseguridad emocional y posibles dificultades en la expresión afectiva; con respecto al primer elemento mencionado, el tamaño reducido del dibujo interpreta inhibición y sentimientos de inferioridad frente a su entorno inmediato; con el segundo elemento, el sombreado excesivo de zonas específicas como el rostro o cuerpo puede reflejar niveles de ansiedad interna o también una manera inconsciente de ocultar aspectos del “yo”; y el último elemento seguido, la transparencia del dibujo  revela una estructura compacta de la imagen personal.

Ya en la sección “detalles especiales”, se evidencia que el dibujo con brazos cortos fue el más frecuente (51 ocasiones), seguidamente de los dibujos con brazos unidos al cuerpo (41 ocasiones) y manos grandes (30 ocasiones), estos indicadores denotan actitudes de apocamiento, retraimiento y dificultad para establecer relaciones socioafectivas; en particular, la representación de brazos cortos representa una limitación percibida en la habilidad de actuar o interactuar, en cambio, las manos grandes pueden estar asociadas a una percepción de amenaza o sentimientos con rasgos de agresividad contenida. 

En cuanto a la última sección “omisiones”, se registra mayor frecuencia en la omisión de la nariz (41 ocasiones) y la omisión de pies (39 ocasiones), estos indicadores manifiestan interprtaciones de fragilidad emocional, inseguridad y complicaciones en la afirmación de la autoimagen; en orden con la ausencia específica de los pies, puede interpretarse una sensación de inestabilidad emocional o falta de arraigo en acciones, y la ausencia de nariz puede relacionarse con la represión de impulsos o negación del cuerpo en base a las experiencias sensoriales y emocionales.

El análisis de resultados desde la otra perspectiva, según el conflicto o tendencia de la emoción detectada, se enmarca en siete categorías emocionales proyectivas distintas: impulsividad (ver Tabla 4), ansiedad (ver Tabla 5), inseguridad (ver Tabla 6), timidez (ver Tabla 7), ira (ver Tabla 8), tendencia antisocial (ver Tabla 9) y desorganización cognitiva (ver Tabla 10).

Tabla 4. Impulsividad

IEs

Frecuencia

Dibujo grande

30

37%

Transparencia

67

84%

Asimetría grotesca de las extremidades

8

10%

Omisión del cuello

12

15%

Débil integración de las partes de la figura

28

35%

Dibujo grande

30

37%

 

Los indicadores emocionales más representativos dentro de esta categoría fueron la transparencia (67 ocasiones), el dibujo grande (30 ocasiones) y la débil integración de las partes de la figura (28 ocasiones). Estas señales son consistentes con características de impulsividad, dificultades de autorregulación, hiperactividad o escasa planificación del dibujo. Asimismo, la presencia de asimetría grotesca en las extremidades (8 ocasiones) y la omisión del cuello (12 ocasiones) refuerzan la idea de una ejecución precipitada y desorganizada, posiblemente asociada a un funcionamiento emocional impulsivo.

Tabla 5. Ansiedad

IEs

Frecuencia

Cara sombreada

55

69%

Cuerpo y/o extremidades sombreadas

18

22%

Manos y/o cuellos sombreados

30

38%

Omisión de ojos

9

11%

Dibujo inclinado

22

28%

En esta categoría, se destacan tres indicadores con alta frecuencia: cara sombreada (55 ocasiones), manos y/o cuellos sombreados (30 ocasiones) y cuerpo y/o extremidades sombreadas (18 ocasiones). Estos elementos reflejan comúnmente estados de ansiedad, tensión interna o conflictos emocionales no resueltos. También se observó dibujo inclinado (22 ocasiones) y omisión de ojos (9 ocasiones), los cuales pueden vincularse con dificultades para enfrentar la realidad, evitar el contacto con el entorno o sentimientos de inseguridad latente.

Tabla 6. Inseguridad o sentimientos de inadecuación

IEs

Frecuencia

Cabeza pequeña

35

44%

Manos seccionadas u omitidas

54

68%

Dibujo monstruoso o grotesco

4

5%

Omisión de brazos

4

5%

Omisión de piernas

4

5%

Omisión de cuello

12

15%

Para esta categoría, los indicadores más predominantes fueron la cabeza pequeña (35 ocasiones) y la omisión o sección de manos (54 ocasiones), evidenciando una autoimagen empobrecida, baja autoestima o sentimientos de incapacidad. La presencia de dibujo grotesco (4 ocasiones), omisión del cuello (12 ocasiones), brazos (4 ocasiones) y piernas (4 ocasiones) interpretan una percepción personal fragmentada o una autoevaluación negativa, estos elementos son característicos en niños que atraviesan situaciones de frustración interna o desvalorización.

Tabla 7. Apocamiento o timidez

IEs

Frecuencia

Dibujo pequeño

43

54%

Brazos cortos

51

64%

Brazos unidos al cuerpo

41

51%

Omisión de nariz

41

51%

Omisión de boca

16

20%

Omisión de pies

39

49%

En esta dimensión, se encontró una frecuencia elevada en indicadores como brazos cortos (51 ocasiones), brazos unidos al cuerpo (41 ocasiones) y dibujo pequeño (43 ocasiones), los cuales reflejan actitudes de inhibición, retraimiento social o dificultad para establecer vínculos con el entorno. A estos resultados se suman la omisión de nariz (41 ocasiones), boca (16 ocasiones) y pies (39 ocasiones), reforzando la idea de una personalidad tímida, apocada o con tendencia a evitar la exposición social y el contacto directo.

Tabla 8. Ira o agresividad

IEs

Frecuencia

Ojos bizcos o desviados

15

19%

Dientes

0

0%

Brazos largos

18

22%

Manos grandes

30

38%

Figura desnuda o mostrando genitales

0

0%

Ojos bizcos o desviados

15

19%

Aunque con menor prevalencia, esta categoría evidenció manifestaciones relevantes como manos grandes (30 ocasiones) y brazos largos (18 ocasiones), que pueden representar una exteriorización inadecuada de la energía o una expresión de agresividad latente, también se observó la presencia de ojos bizcos o desviados (15 ocasiones), lo cual podría estar relacionado con actitudes desafiantes o una visión distorsionada del entorno interpersonal, y además no se registraron ocasiones de figuras con dientes o desnudas.

Tabla 9. Tendencia antisocial

IEs

Frecuencia

Cuerpo y/o extremidades sombreadas

18

23%

Manos y/o cuellos sombreados

30

37%

Dibujo Grande

30

37%

Transparencia

67

84%

Cabeza pequeña

35

44%

Manos grandes

30

37%

Piernas juntas

0

0%

Omisión de cuerpo

0

0%

Omisión de brazos

4

5%

Omisión del cuello

12

15%

Algunos indicadores como la transparencia (67 ocasiones), dibujo grande (30 ocasiones), manos grandes (30 ocasiones) y cabeza pequeña (35 ocasiones) se vinculan teóricamente con actitudes desafiantes hacia la autoridad o comportamientos que se alejan de las normas sociales, cuando aparecen en conjunto. Si bien estos no indican por sí solos conductas antisociales, sí pueden reflejar una necesidad de atención o manifestaciones compensatorias ante sentimientos de inferioridad.

Tabla 10. Desempeño escolar o desorganización cognitiva

IEs

Frecuencia

Débil integración de las partes de la figura

28

35%

Dibujo pequeño

43

54%

Dibujo monstruoso o grotesco

4

5%

Dibujo espontáneo de una o tres figuras más.

4

5%

Omisión de boca

16

20%

Omisión de cuerpo

0

0%

Omisión de brazos

4

5%

Se identificaron como relevantes en esta categoría la débil integración de las partes de la figura (28 ocasiones) y el dibujo pequeño (43 ocasiones), lo cual podría interpretarse como una ejecución gráfica desorganizada o limitada por dificultades cognitivas o atencionales, también se puede observar la aparición de figuras grotescas (4 ocasiones), la inclusión de más de una figura humana (4 ocasiones) y omisiones parciales como boca (16 ocasiones) y brazos (4 ocasiones), lo que podría reflejar un déficit en habilidades de organización espacial y corporal vinculadas al rendimiento académico.

La alta prevalencia de indicadores como transparencia, dibujo pequeño, brazos cortos y cara sombreada refiere a un perfil emocional en el que predominan la ansiedad, la timidez y la impulsividad. Estos resultados nos permiten hipotetizar que una proporción significativa de los niños evaluados podrían estar atravesando dificultades emocionales internas que impactan en su comportamiento cotidiano, su desempeño escolar y sus relaciones interpersonales; cabe señalar que, si bien este instrumento ofrece una aproximación diagnóstica útil, los resultados deben ser interpretados con cautela y complementarse con otros métodos de evaluación psicológica para obtener un panorama integral del desarrollo emocional infantil.

Los resultados concuerdan con lo señalado por Sánchez (2019), quien encontró en niños de familias ensambladas una alta prevalencia de indicadores emocionales negativos como ansiedad, preocupación e inadecuación; asimismo, los datos de la encuesta aplicada en este estudio muestran una tendencia a la escasa comunicación afectiva, la percepción de exclusión y la molestia hacia la nueva configuración familiar, ideas que refuerzan lo expresado por Rodríguez (2019), respecto a que estos menores enfrentan mayores desafíos adaptativos y emocionales.

Del mismo modo, los resultados también encuentran respaldo en el trabajo de Sarmiento y Paredes (2019), quienes resaltan que el bienestar emocional en familias reconstituidas depende en gran medida de una ruptura conyugal saludable, pautas de crianza claras y relaciones respetuosas entre progenitores y padrastros, sin embargo, en el caso de esta población, las respuestas de los niños apuntan a que estos aspectos aún representan áreas de conflicto y vulnerabilidad.

Considerando el contexto rural y las limitaciones propias de la muestra, estos resultados ponen de manifiesto la necesidad urgente de intervenciones familiares orientadas a fortalecer la comunicación, el vínculo afectivo y el manejo emocional, especialmente en familias con estructuras no tradicionales, donde el proceso de adaptación puede ser más complejo y prolongado.

CONCLUSIONES

La investigación realizada pudo evaluar el desarrollo emocional de los niños pertenecientes a familias reconstituidas del recinto San Agustín del cantón Babahoyo; en donde los resultados obtenidos revelaron que, si bien una parte significativa de los niños evaluados presenta indicadores de un desarrollo emocional adecuado, se identificaron también signos de inestabilidad emocional en un porcentaje considerable de ellos, algo que es congruente con los estudios adyacentes abordados. Entre los indicadores más frecuentes de dificultades emocionales se encontraron la omisión de partes esenciales en los dibujos, la presencia de rasgos de inseguridad, ansiedad y baja autoestima, interpretando que, aunque muchos niños logran adaptarse positivamente a la dinámica de una familia reconstituida, otros experimentan desafíos emocionales que pueden afectar su bienestar general; de aquello, el análisis de los resultados en conjunto de la bibliografía revisada permite evidenciar que factores como la calidad de las relaciones afectivas, la estabilidad del entorno familiar y la comunicación efectiva juegan un rol fundamental en el proceso de adaptación emocional de los menores.

En definitiva, este estudio logra aportar una primera aproximación al conocimiento del desarrollo emocional en niños de familias reconstituidas en contextos rurales del Ecuador, a través de una evaluación proyectiva que data su importancia per se, evidenciando la necesidad de intervenciones dirigidas a fortalecer el apoyo emocional y la construcción de entornos familiares más seguros y acogedores, con el fin de favorecer el adecuado desarrollo psicológico de los niños, sobretodo en estas localidades, acciones específicas como programas de orientación familiar, fomentar espacios de expresión emocional en sus instituciones educativas, intervenciones psicoterapéuticas individuales y grupales, fomentar el fortalecimiento del vínculo con los progenitores y promover futuras investigaciones en este campo.  

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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